-¿Qué demonios ha sido eso?
-No lo sé, Jacob- obtuvo como respuesta el almirante-. No me gusta nada.El barco se llenó de murmullos poco después de aquel ruido que provoco que el mar se pusiese a vibrar.
-Capitán Hanso, tiene que ver esto.-El capitán abandonó la cubierta con el piloto- Fíjese en eso. Mire a estribor.
-¿Qué hay que ver, Sr. Alpert?.
-Mi capitán, entre las brumas distingo una isla-guardó una pausa para que Magnus Hanso pudiera verla también-. Pero no figura en las cartas, y eso que no parece pequeña.
El capitán siguió observando.
-¿Qué es ese humo?¿Un volcán?
La respuesta estaba en la misma pregunta. Un volcán en erupción había estallado provocando la vibración del agua.
-¡Vamos! ¡Todo el mundo a sus puestos!
A pesar de la actitud de Alpert, la tripulación no hizo nada, pero estaba alerta. Todos miraban a Jacob.
-¿Qué ocurre, almirante?
-Eso mismo me pregunto, señor Alpert ¿Por qué da órdenes en cubierta, en lugar de permanecer junto a la bitácora?.
-Almirante.-El capitan le llamaba la atención. Últimamente estaba hartándose de las faltas de respeto entre sus subordinados.- ¿Sabe que es un tsunami?
Hubo una pausa.
-Mis disculpas, mi capitán.¿Se refiere a un maremoto hawaiano?
-En efecto, Jacob. No debemos ser alcanzados por la ola.
El almirante se quedó mirándolo, ingenuo.
-Jacob...
-Mi capitán, no se alerte. He estado en Hawai varias veces, y he visto varios... sucesos de este tipo. Créame, no hay porqué temer- su interlocutor comenzaba a impacientarse-. Como mucho, solo será como una leve corriente que nos arrastrará a poca distancia de aquí. Pero nuestros “humildes” pasajeros no creo que aguanten la marejadilla como...
La Roca Negra comenzó a zarandear. La tripulación se mostró impaciente
-¿Lo ve?, sólo es un poco de oleaje...
El zarandeo se hizo mucho más violento en cuestión de segundos, lanzando al suelo a la tripulación y al mar a aquellos que bajaban de los mástiles. El navío no paraba de girar. Demasiado tarde para hacer nada.
-¡Abandonad la cubierta, rápido!
-¿Sólo un poco de oleaje?- Hanso miraba a su almirante como se miraría a un charlatán. Ya arreglarían cuentas luego.
Todos bajaban como podían de los mástiles, algunos caían al agua. Los que corrían por cubierta hacían caso omiso. Se salvaban como podían.
- Santo Dios... – Sólo el contramaestre había reparado en que el señor Alpert estaba en proa incorporándose del suelo-. ¡El piloto se ha caído!
-No, espera, no vayas.
-Necesita ayuda
-¡Espera Tommas!
El contramaestre no pudo evitar que se fuera, porque Jacob le tenía agarrado de los brazos
-no podía permitir perder al piloto y al contramaestre- mientras le arrastraba al interior del barco.
-¿Qué hace...?
-¡El Barco es grande!, ¡Se mantendrá a flote¡
-Pero...

No hay comentarios:
Publicar un comentario