
Maurice corrió tras aquel desgraciado. Ya casi lo estaba alcanzando. No era la primera vez que perseguía a alguien. El día antes de embarcar en la Roca Negra le sucedió algo parecido.
Estaba sentado a la sombra, junto a la fachada de una taberna de París, la Pascal Flats. A esas horas el Sol calentaba como nunca. Esperaba a alguien que llegaba tarde. Ya iban a cerrar, así que decidió ponerse en pie y volver a casa. Mientras caminaba oyó un grito de auxilio en un callejón. Quizá no debió haberse metido en él, pero alguien le necesitaba. Mientras corría por el oscuro y húmedo callejón, un hombre salió de la oscuridad. Todo ocurrió muy rápido, y en un instante Maurice se vio en el suelo. No podía quedarse ahí, boca arriba. Se levantó y observó una sombra saliendo por la boca del callejón. Comenzó a correr. Una vez fuera miró a diestra y siniestra. El muy canalla corría calle abajo. Menos mal. Por allí no tendría salida. Ahora era suyo. Para qué correr. En cuanto llegara al final sólo encontraría un muro alto y la taberna cerrada. Sonrió.
Ya casi era suyo. Ahora perseguía a un hombre por la jungla. En un salto lo alcanzó y cayeron al suelo. Recibió un puñetazo. El otro un rodillazo con el que se quitó de encima. Maurice fue el primero en levantarse. El otro sacaba la pistola. Una patada bastó para que cayera al suelo y se disparara sola. Ahora no sólo podían usar los puños. Mientras peleaban el sol se ponía. Finalmente, Maurice acabó tirado en el suelo, boca arriba. Otra vez. Y ahora Jacob y Richard le llevaban a hombros.
- Entonces... ¿Dices que hay una cosa en la selva que destroza árboles y que os perseguía?
- Sí. Es inmensa. No la he visto, pero la oía por todas partes.
- Entiendo.
- Por cierto, ¿qué ha pasado con los demás?, ¿siguen vivos?
- Sí, pero hay varios heridos. La mitad de los que estaban en cubierta han muerto o desaparecido.
- ¿y ese tipo?
- No era de la tripulación. Iba en el otro barco, el que viste en la playa.
- Pero... ¿por qué le disparaste?
- Porque ha matado a uno de nosotros.
Richard se detuvo. Miró a Jacob.
- ¿A quién?
- Se llamaba Dick Cheever. ¿lo conocías?
- Desde que era un crío – el rostro de Richard reflejaba decepción-. El hombre de la playa mató a su padre. Su hermano, Tommas...
- Está bien. No te preocupes – Jacob suspiró-. Ya hemos llegado.
Richard levantó la vista. Allí a unos metros, se levantaba del suelo, imponente, la Roca Negra. Todos estaban allí, agrupados alrededor de algo.
- Dejemos a Maurice allí. No quiero verlo.
- Richard...
- Por favor, déjame a mí.
- Como quieras.
Hanso salía de un agujero en el casco. Se cruzó con Richard al pasar.
- Hola...
Richard sólo le miró. Ahora se dirigió al almirante.
- Jacob. ¿ha habido suerte?
- Sólo pude dispararle en el hombro. Pero he descubierto algo. No está solo. Vino en otro barco. Está en la playa, pero no hay nadie. Le estuve esperando hasta que aparecieron Alpert y Benson. Después huyó.
- Maldita sea- el capitán mostró su indignación-. Bueno, es igual. Creo que no tardaremos en verle de nuevo. Al fin y al cabo, no era el único Cheever al que intentó matar. Debemos proteger a su hermano, Tommas.
Jacob asintió.
- Mi capitán. ¿Qué hago con los esclavos?.
- Primero, darles agua. Han pasado cuatro días así. Además, no nos darán nada por ellos si no los cuidamos bien.
Ambos sabían que la venta de esclavos estaba prohibida hacía años, pero allí donde se dirigían no se tenía en cuenta. Pero les importaba la puntualidad, y si no reflotaban el barco, tendrían problemas. Pero lo principal en ese momento era sobrevivir a la primera noche.

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