Richard despertó confuso.¿Dónde estoy?. ¿Por qué no puedo respirar?. Decidió abrir los ojos para encontrarse bajo el mar. ¿Bajo el mar?, ¿Qué diablos hacía bajo el mar? Nadar hacia arriba, debía nadar a la superficie. Algo lo retenía. Su pie estaba enredado por algo. Empezaba a faltarle el aire, y no lograba desenredarse. Optó por cortarla. Quizá tenía un cuchillo. Un cuchillo que había desaparecido. El agua se aclaró un poco. Una liana estrujaba su tobillo. Se ahogaba. Decidió tirar de ella para llegar al otro lado. Quizá moriría de todos modos. Debía alcanzar la superficie. Pero... ¿cómo?. La corriente apenas le permitía avanzar. Avanzaba por la interminable liana. Hubo un momento que estuvo a punto de romperse. Si Richard no conservaba la calma, su cerebro consumiría mas oxígeno. La corriente aumentaba y le ardían los pulmones. Justo cuando estaba a punto de perder la esperanza –y la conciencia- ocurrió algo tan incomprensible como milagroso: el agua desapareció.
Cansado, se aferraba corteza del árbol, observó a su alrededor. Sólo verde. El verde de la selva. Las aguas se retiraban. ¿Qué hacía allí?. Pronto oyó un grito. No estaba lejos. Saltó de las ramas al agua -teñida de un color arcilloso- , cuyo nivel pensó que no pasaría de sus rodillas. Se equivocaba. Apenas hacía pie y la corriente le arrastraba moderadamente. Suerte que tenía el árbol cerca. Se quedó aferrado en silencio, esperando otro grito.
Nada. La quietud sólo la rompía el fluir del agua. Tan sólo pasaron quince segundos antes de volver a oír aquella voz. Era una voz de socorro en francés. Cada vez se acercaba más. Era un hombre subido a un barril, y estaba siendo arrastrado por la corriente.
-¡EH! –Richard le llamó la atención- ¡Aquí!
El francés volvió la vista. Tenía la mejilla raspada y una contusión en la frente.
-¡Aquí! –repitió.
Soltó el barril y nadó con dificultad. No sólo por la corriente, que no dejaba de aumentar. Casi no movía el brazo izquierdo, y, cuando lo hacía, su cara mostraba una mueca.
-¡Vamos!.
Francés desesperado. Si no lo lograba, podría ser arrastrado por la corriente ahasta un fatal destino. Richard no sabía qué hacer. Pronto pensó en lo mismo que le retenía antes. Debía buscar otra lianas. Miró a su alrededor. A su espalda, colgaban varias de ellas. Algunas parecían gruesas y resistentes. El pobre hombre estaba ya a sólo diez metros. Richard estiró el brazo todo lo que pudo. La liana estaba a sólo unos milímetros de su dedos. Siete metros. Sólo un poco más. Seis. Ya casi la tenía. Cinco. La golpeó con la punta de sus dedos. Ya era suya. Tiró fuerte de ella. El francés estaba a 3 metros justo en el momento en que pasó junto a Richard al lanzarle la liana. La liana se tensó.
-Merci, monsieur - el francés miró agradecido a nuestro piloto.
-No hay de qué. ¿Se encuentra bién?.
-Oui- hablaba con su acento natural-. ¿puede usted ayudarme a...?.
-Sí, cómo no. Coja mi mano.
La liana estaba tensa, quizá demasiado, pero ni el uno ni el otro se percataban de ello. El francés extendió el brazo al igual que lo había hecho Richard unos instantes antes. Este hizo lo mismo. Justo en ese momento se desprendió la liana.
-Mon dieu!
Era el fin para el francés. Richard extendió el brazo un poco más, lo suficiente para agarrarle de la muñeca. Ambos suspiraron de alivio. La corriente aumentaba, pero el nivel del agua bajaba.
-Seguramente será el final de la resaca de la ola.
La ola... ¡Pues claro!. En ese momento el piloto lo recordó todo. El barco, el humo, el ruido..., Jacob... No podía creerlo.
-¿Cómo te llamas?.
-Me llamo Maurice, señor
-¿Dónde estabas en el momento del... incidente?
-¿moi? Estaba en la bodega. Sentí un temblor y salí a ver que ocurría. Todo el mundo estaba nervioso, y fui a proa, donde estaba un compañero para preguntarle. Todos corrían hacia popa, a la bodega. Recuerdo que al volver la vista para buscar a mi compañero tropecé con alguien y caí rodando al suelo, golpeándome la frente. Luego llegó la ola, inundando la cubierta y sacándome del barco con los barriles de aceite. Casi no podía mantenerme a flote y perdí de vista todo lo demás. En poco tiempo alcancé la selva, avanzando uno o dos kilómetros.
Hubo una pausa larga. Ese “alguien” con quien había tropezado era él. Ya había desaparecido el agua. Sólo había un suelo embarrado por donde fluía fango.
-Creo que deberíamos seguir la dirección de la corriente.
Se encaminaron en busca de la costa. Quince minutos después, oyeron un sonido atronador. Sonaba muy lejos, pero allá, en la distancia, se oían una mezcla de explosiones –No se parecía a nada familiar imaginable- seguido de algo más. Era algo muy primitivo. Nunca escucharon nada semejante. Pero aunque se alejaba, se miraron ambos asustados. Era terrorífico
lunes, 7 de julio de 2008
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1 comentario:
Soy Jurzmaniel Rey de JMLandia, y mi pregunta es lo siguiente:
¿El monstruo, cierto?
Pdo.: esto se pone interesante je je bueno pues adios. Ah! se me olvidaba, un poquito de SPAM nunca viene mal :D
VISITADNOS TODOS!!!!
http://jmlandia.blogspot.com
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