viernes, 29 de agosto de 2008

Capítulo 3: Ursus Maritimus


-¿Qué era eso?- Preguntó Richard.
Maurice estaba paralizado. Sólo se miraban mutuamente de la forma que miraría cualquier persona al experimentar algo semejante. Se habían acercado al lugar por el cual había pasado esa cosa. No había nada. Ni pisadas ni rastro alguno. Pero lo que encontraron no pudo haberlo hecho ningún animal desde hace 60 millones de años. Eran árboles destrozados y arrancados de raíz. Los huecos que quedaban en el suelo señalaban una línea recta perfecta que se perdía a lo lejos. Y allí se quedaron, en mitad de ese camino que había trazado esa cosa.
- No lo sé. Lagguémonos de aquí.
Volvieron a orientarse y corrieron hacia donde ellos creía que estaba la playa. Corrieron cuanto pudieron pero cometieron el error de hacerlo en ese terreno fangoso. Se deslizaron al poco de llegar a una cuesta abajo. Se deslizaron violentamente. De haber estado en un terreno diferente, quizá habrían rodado. Pero se deslizaron por el barro por el cual sobresalían varias ramas de arbustos y puntas de rocas que les dañaban seriamente. Finalmente pararon. Era una suerte que no hubiesen chocado contra ningún árbol. Maurice fue el primero en levantarse. Dolorido, agarró de la muñeca a Richard para levantarlo, pero cayó de nuevo al barro como un saco de tierra. Richard estaba incosciente.
- Merde...

El ojo de Richard se abrió. Había salido de una pesadilla. La peor de todas. Soñó con las horribles tierras heladas del Ártico. Estaba allí, en el hielo, tumbado boca arriba. Un oso polar lo despedazaba vivo. Él estaba inmóvil, como muerto. Pero podía ver como esa bestia arrancaba sus visceras.
Pero ya no soñaba. Ahora las manos de una mujer le calmaban.
- Tranquilo. No ha sido más que un mal sueño.
- Lo sé. Sólo necesito desayunar.
Richard se levantó y se vistió.
- Bajaré a por leche. ¿Quieres un dulce?
- Quiero volver a Copenhague.
- Pronto iremos, cariño. Dentro de cuatro días embarcaremos en Nueva York.
Al salir por la puerta del edificio encontró una mañana gloriosa. Se dirigió a la tienda de enfrente, en cuya puerta jugaban un par de niños. Nunca se le borraría de la mente esa imagen de los dos chicos jugando a las canicas.
- Vas a perder, Dick.
- De eso nada, Tommas. ¿Ves?. Te has quedado atrás.
Y mientras Richard les observaba el dependiente le llamó la atención.
- Oiga. ¿En qué puedo ayudarle?.
- ¿Puede darme cuatro croissant?. Ah, y dos gofres.
- Aquí tiene. Son 6 dólares.
Mientras volvía a cruzar la calle se paró junto a un árbol. Desde ahí se podían ver a los transeúntes. Un hombre en mangas de camisa entraba en la tienda. Tenía una gorra negra y le faltaba una oreja. Si se le miraba con atención se descubrían unos ojos sombríos y un revólver asomando por el bolsillo. El mismo revolver que utilizó para despojar al dependiente de su vida, que provocó que arrancó a los chavales grito de terror. Aquel hombre había desaparecido. Sabía lo que había hecho. Seguramente no era la primera vez que lo hacía.

Una bofetada provocó que Richard dejara atrás la inconsciencia.
- Mon Dieu!. ¿Estas bien?
Miró a Maurice.
- Te has golpeado la cabeza. ¿Estas bien?
- Si, gracias – volvió a incorporarse- ¿No tienes hambre?. Llevamos todo el día sin dar bocado.
- Es vegdad. Puede que encontremos un árbol frutal y...
Sus palabras quedaron interrumpidas por el horrible sonido que produjo la criatura. Pero esta vez se acercaba a ellos con rapidez. BUM. BUM. Árbol tras árbol. Empezaron a correr corrieron lo más que pudieron. Se acercaba más. Y más. Y más. Sus rostros reflejaban el horror.A lo lejos, divisaron una luz brillante. La criatura empezaba a quedarse atrás. Al fin alcanzaron la playa. Ya no se oía nada. Sólo el rumor de las olas. Por fin, exhaustos, finalizaron su carrera. Con las manos en las rodillas y una respiración errática volvieron la vista atrás. Ese sonido de cigarras había desaparecido. Únicamente hubo una especie de rugido –si es que podía rugir- a lo lejos-. Ahora estaban a salvo.
O eso creyeron. Porque al darse la vuelta encontraron los restos de un barco encallado en unas rocas en mitad de la playa. un barco que no era la roca negra. Un barco fantasmagórico. Y tras ellos, un hombre sin oreja se abalanzaba sobre ellos. Y un disparo en el hombro lo detuvo. Jacob estaba allí empuñando una carabina.
-¡Jacob!- Richard no sabía si alegrarse.
-Lárgate. Voy a hablar con este hombre sobre piratería.
-¿cómo?- Maurice estaba confuso también.
-Dime, ¿Lo eres?- Jacob sólo atendía al hombre herido en la arena, sacando una pistola-. ¡Dime!.
-Jacob, ¿qué esta pasando?
-¡Que te largues de aquí!- ahora tenía otra pistola apuntando a Richard.
Al bajar la guardia el herido golpeó la rodilla de Jacob con la bota. Mientras se alejaba, Richard socorría al.
-Jacob ¿qué ha pasado?
-Nos perseguían. Iban tras nosotros.
-¿Quiénes?
-Los hombres que llegaron junto a ese hombre en ese barco. Por cierto ¿dónde está?
-Maurice... el que iba conmigo fue tras él.
Sonó un disparo. El Sol se puso.

1 comentario:

Unknown dijo...

Pero lo que encontraron no pudo haberlo hecho ningún animal desde hace 60 millones de años.

Si te referias a un dinosaurio lo minimo son 65 mda... ._.